Un mago informático de 90 años

Zósimo Mesonero CorrederaZósimo Mesonero Corredera es una de esas personas a las que bautizaron con el santo del día. Nació un 30 de marzo, San Zósimo, del año 1924. Echen cuentas. Sí, tiene 90 años y no necesita bastón para caminar, aunque a los médicos les extrañe. Tiene la cabeza mejor que muchos con la mitad de sus años y un sentido del humor envidiable.

También es un trabajador nato. Ha estado siempre trabajando, desde su adolescencia. Primero, a los 15 años, en una tienda de alimentación en un pueblo de Ávila (en los años del hambre…). Después del servicio militar, conduciendo camiones. Más tarde construyendo pantanos… Antes de que le mandasen a hacer túneles («la gente se muere de silicosis», argumenta), se marchó a Francia, «y como no sabía hacer nada, me coloqué de mecánico. Trabajé con un jefe que corría carreras de coches por todo el país». Recorrió todos los circuitos, estuvo en Mónaco, «y mis compañeros franceses me pedían que arreglase lo que no sabían hacer ellos», comenta con satisfacción.

Regresó a Madrid cuando le salió aquí un trabajo de mecánico, y volvió a buscar clientela entre los aficionados a las carreras. «Todos los fines de semana trabajaba en el Jarama», asegura, «pero si me enseñas hoy tu coche, sólo te puedo decir si está limpio o sucio«, bromea. Y es que la mecánica ha cambiado tanto…

Se casó con María Peña, su mujer, que cumple 91 años en agosto y tuvieron dos hijos. La niña murió hace ya unos años, así que ahora con su pensión de 1.200 euros mantiene su casa y la de su hijo, José Luis, de 58 años casado y con una hija, que lleva en paro desde hace cinco años, pese a haber trabajado como programador, diseñador de aplicaciones y en mantenimiento de sistemas informáticos en varias empresas (jlmpcv@yahoo.es).

Zósimo se jubiló hace casi 30 años y entonces… «me quedé como tonto; no sabía qué hacer». Un día decidió apuntarse a un curso de informática y ya lleva 26 años manejando ordenadores, pero no de cualquier manera… como un auténtico crack.

Desde que abrieron el EspacioCaixa de la calle Arapiles, Zósimo es un imprescindible del cibercafé. Hasta hace poco daba cursos a otras personas mayores que querían familiarizarse con los ordenadores y con internet. «Yo he dado cursos de todo: de photoshop, de web,he hecho cursos de ampliación… Todos los días me planteaba qué tenía que enseñar». Y es que tiene un don para la docencia y una paciencia infinita. Gasta bromas a los alumnos y no deja una duda sin resolver.

Ya no da clases porque le salieron «cicatrices en la mácula» y necesita gafas y una lupa para ver bien la pantalla, pero sigue acudiendo puntual cada mañana, de 10.00 a 13.00 para ejercer de tutor en el cibercafé. En EspacioCaixa nadie quiere perderle, porque Zósimo es una de esas personas que suman.

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