Envejecimiento activo: nunca es tarde para volver a clase

Universidad para Mayores de La LagunaLa Universidad para Mayores de La Laguna cumple 18 años ofreciendo una segunda oportunidad formativa. No hay requisitos académicos para ingresar. Algunos alumnos van desde hace 14 años.

«Mi padre no quiere, pero cuando él me matriculaba a mí en la escuela yo tampoco quería y él no me hacía caso». La secretaria de la Universidad para Mayores de La Laguna, Inmaculada Fernández, se ríe cuando recuerda esa anécdota. Un día se encontró a una alumna haciendo cola para matricular a su padre. Estaba convencida de que era una buena idea que volviera a las aulas. Su caso no es excepcional. Muchos de los estudiantes inscritos en este programa de extensión universitaria lo han hecho gracias a sus hijos. Algunos no sabían que existía esta oferta y otros simplemente se resistían, pero una vez que empiezan «le cogen el gusto» y hay mucho repetidor vocacional. Los alumnos que más tiempo llevan han acudido hasta 14 años.

Las clases, que tienen horario de tarde, se llevan a cabo, en su mayoría, en la facultad de Periodismo. Empiezan a las cinco, pero desde poco después de las cuatro algunos estudiantes ya están en la cafetería. Cada año la Universidad Para Mayores ronda las 280 matrículas. No hay requisitos académicos para acceder ni límite o máximo de asignaturas. El precio del crédito es de unos 15 euros y se paga por cuatrimestre. Desde hace un curso, la edad para poder entrar se ha adelantado. El límite estaba en 65 años y ahora se ha rebajado a los 55. El desempleo y las prejubilaciones que trajo la crisis económica explican, en parte, ese cambio.

Este curso se ha agrupado toda la oferta académica en tres itinerarios formativos: Humanidades y Ciencias Sociales; Cultura Científica y Tecnológica, y Arte y Creatividad. Ahora, los alumnos al terminar reciben un diploma universitario. Algunos han pasado ya por todos los cursos y vuelven a repetir. No les importa; los profesores suelen innovar y van cambiando el temario. Siempre se aprende.

La Universidad para Mayores es una buena forma de tomarle el pulso a la sociedad canaria. El perfil del alumnado ha ido evolucionando. Blanca Divasson, una de las profesoras, recuerda que cuando empezó a dar clase se matriculaban personas sin estudios obligatorios. Ahora, en cambio, muchas ya conocen la Universidad de La Laguna porque allí se formaron por primera vez. Para ellas es un viaje de ida y vuelta.

Blanca ve a estos alumnos con una perspectiva distinta. Ella también es profesora de Secundaria en un centro de Santa Úrsula. La principal diferencia entre dar clase a chicos de instituto y a mayores de 55 es el tiempo que les ha tocado vivir. «A los adolescentes les explico una historia que ellos no vivieron y aquí, en cambio, doy clase a personas que fueron testigos, y a veces protagonistas, de esa historia. A veces les cuesta reconocerse en ese relato. Estas circunstancias transforman totalmente las clases. Muchas veces son ellos los que me enseñan a mí».

Cuando José Arnay, doctor en Psicología de la ULL, se interesó por poner en marcha un programa para mayores en la universidad no imaginó que 18 años después seguiría al frente de él.

Eduardo Camacho, entonces vicerrector, volvió de un viaje a la Península y planteó la posibilidad de implantar un programa para mayores similar al que empezaban a ofertar algunas universidades. Pidió voluntarios para explorar esa posibilidad y Arnay levantó la mano. Poco más tarde se convirtió en su director académico y hoy sigue siéndolo. «Para mí es un placer. He aprendido muchísimo. Y he orientado mi trabajo investigador hacia el campo del envejecimiento», comenta.

La Universidad para Mayores es una de las medicinas más eficaces para combatir la inactividad que puede sorprender con la jubilación. Ayuda a mantener la mente activa y, también, a hacer amigos. Además de tomar café o compartir el descanso a media tarde, estos estudiantes tienen su propia Asociación de Mayores de la Universidad de La Laguna y su coral. Hacen senderismo cultural y voluntariado en centros de mayores. «La actividad no es solo lo que pasa en las aulas, hay muchas actividades que se realizan fuera de ese horario», corrobora Inma. «Proponen talleres y los sacamos a flote de alguna manera. Hay muchas entidades -fundaciones, ayuntamientos- que colaboran con nosotros».

Hace poco consiguieron que el Ayuntamiento de La Laguna aprobara convertirse en «ciudad amigable de las personas mayores». En 2007, ante el envejecimiento progresivo de la población mundial, la Organización Mundial de la Salud creó la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores. El objetivo de esta red es que todas las políticas urbanas se tomen bajo la perspectiva del envejecimiento. Para el vicepresidente de la asociación, Roberto Álvarez, que lleva siete años matriculado, se trata de un proyecto «ilusionante» y necesario para «romper los estereotipos» que persisten cuando se habla de las personas mayores.

La experiencia de Antonio Herrero es distinta a la del resto. También llegó a clase gracias a la insistencia de su hija, que lo encontraba apagado tras la jubilación. Desde que empezó, este maestro de Infantil y técnico superior en Cerámica Creativa notó el cambio. Al poco se convirtió en parte indispensable del engranaje formativo: además de recibir clases, empezó a darlas. Planteó la posibilidad de impartir un taller y presentó su propuesta al concurso que se convoca cada año para asignar las materias. Los docentes universitarios tienen más puntos, pero pueden presentarse otros profesionales si tienen propuestas académicas interesantes.

Lo que más destaca Antonio es la calidad de las enseñanzas. «Las asignaturas son muy interesantes y el profesorado está muy bien preparado, con experiencia y buen trato al alumnado», defiende. Lucio García se suma a las alabanzas. «Si no has aprendido nada de la vida, aquí lo haces. La parte cultural, claro, la universidad de la vida ya la hemos aprendido», subraya este estudiante de 55 años que lleva tres cuatrimestres viniendo gracias a la recomendación de su hermano.

Antonio, igual que Inma, también tiene en su memoria una anécdota que resume lo que representa para él asistir a la Universidad para Mayores. «El director, José Arnay, nos dijo el día de la inauguración: Aquí se puede hablar de todo menos de médicos. Y, recuerden, sean felices«.

Fuente: ELDIA.es