Elderspeak, las personas mayores no son como niños y la infantilización es maltrato

cuidar mayoresElderspeak es un nuevo concepto al que tienen que acostumbrarse aquellas personas que trabajan con personas mayores. La psicóloga Romina Mouriz Corbelle se especializó en psicogerontología y gestión de centros residenciales, y conoce perfectamente su significado y las connotaciones que lleva aparejadas, vinculadas incluso con el maltrato.

Mouriz Corbelle fue una de las ponentes en el Congreso Internacional de Geriatría y Gerontología que se celebró recientemente en Lugo y con el que se pretendía dar un giro a la atención a los mayores.

-¿Elderspeak es un concepto positivo o negativo?

-Es negativo. Es la infantilización de la forma de hablar dirigida a una persona mayor. Muchas veces se pone al mismo nivel a los niños y a los mayores. Me horroriza la expresión? son como niños? ¡No son niños! Las personas mayores tienen mucho bagaje, tienen una vida, tienen unos años recorridos y una experiencia vivida. Muchas veces la manera de tratar a las personas mayores sí se parece a la que hacemos con los niños, sobre todo a niveles de atención primaria. En temas de higiene, vestido o alimentación, nos dirigimos a ellos como si fueran niños, y no lo son. Elderspeaker es un concepto nuevo, que trata de definir estas situaciones.

-¿Se puede considerar algo similar al maltrato?

-Es maltrato psicológico y emocional. La gente tiene la idea de maltrato físico, pero también hay un maltrato psicológico y emocional, vinculado al Elderspeak y a la infantilización: abuso de confianza; ninguneo de la persona; alzar el tono de voz; ser demasiado exagerado en los gestos, que se puede interpretar como una amenaza…

-¿Va más allá del maltrato físico?

-Yo lo pondría al mismo nivel y está reconocido como tal. Hay cinco tipos de maltrato: abuso físico, económico, psicológico, sexual y negligencia o abandono. Están reconocidos por la legislación y recogidos en la Guía de Maltrato de la Xunta, y hay unas pautas de actuación para el maltrato psicológico. Viéndolo así, todos podríamos estar maltratando día a día, inconscientemente.

-¿A veces no depende de la carga de trabajo?

-Es fundamental la actitud. Lleva el mismo tiempo hablarle bien a una persona que hablarle mal. Carga de trabajo, sí; pero va más allá. Con la misma carga de trabajo ves a unos profesionales con una actitud y a otros con otra. El factor es la actitud, no la carga.

-¿Cómo tiene que ser el trato?

-Pues tratando de empatizar con la persona.

-¿Y cómo se empatiza?

-Poniéndose en el lugar del otro y respetando el bagaje y esos años de historia de vida que hay detrás. Una persona mayor tiene muchas veces limitaciones sensoriales, puede tener una demencia. Hay que ser conscientes de estos hándicaps, que pueden entorpecer la comunicación, pero que no significan en ningún caso que tengamos que subestimar a la persona.

-¿Estamos hablando de atención profesional, en centros, o en el hogar?

-Generalizaría a todos los campos. En la casa la línea sería la misma que para los profesionales, porque hay estudios que dicen que la manera de dirigirte y de tratar a una persona mayor actúa como un efecto rebote. Si una persona se resiste al aseo personal y te diriges a ella de una forma infantil e incluso agresiva, esa persona va a reaccionar de una manera, como lo haría cualquier persona. Sin embargo, si el trato es más empático, agradable, el tono agradable, hay contacto físico, la persona, incluso aquellas con trastornos conductuales, agresividad o agitación, realmente funcionan mejor si se hacen las cosas como se tienen que hacer.

-¿Cuáles son las pautas de actuación?

-Lo primero es saber detectar cuándo no se está haciendo un buen cuidado: mirar para otro lado o desensibilizarse. Muchas veces, a la hora de trabajar en un centro, tendemos a ver como normales cosas que no lo son. Como dejar una puerta abierta en la habitación en la que estás cambiando a un residente. Puede ser un ejemplo. Esto en un centro residencial, que estás a cien por hora, con trabajo a tope, te puede pasar y sin mala intención, cuando no cuesta nada cerrar la puerta y proteger la intimidad del residente.

-¿Hay más fórmulas?

-La fundamental es tratar a la persona como individuo único y no como un residente más o un miembro de un colectivo. Atender a sus preferencias. Es difícil, pero otra pauta podría ser esto, incluso para las personas con demencia. Si antes le gustaba pintarse las uñas y ahora, aunque no se acuerde, le gustará.

 
Fuente: La Voz de Galicia