Cada vez más personas participan en las actividades de deporte y ocio de envejecimiento activo

envejecimiento activoFaltan pocos minutos para que comience la clase de taichí para mayores en el Polideportivo Municipal José Paterna de El Palo. Los alumnos –mujeres en su mayoría– se arremolinan en la entrada antes de pasar a la pista donde el monitor de la ONG Taichí Sin Fronteras, Félix Sánchez, les espera para dar la clase, coordinada por el Área de Deportes del Ayuntamiento de Málaga dentro de su programa de prevención de caídas y en colaboración con otra entidad sin ánimo de lucro, la asociación En Activo. Algunas de las participantes llegan apoyándose en sus muletas. Otra señora, agarrada del brazo de su hija. En la puerta, se saludan y hablan de sus cosas y hacen un resumen de sus achaques. «Hoy me duele más la cadera», comenta una. «Pues yo llevo un tiempo sin venir porque me caí», dice otra.

En la clase, realizan los ejercicios de pie, pero algunas usuarias ponen a su lado una silla por si se cansan demasiado o por si pierden el equilibrio. «Les da un tono vital diferente; además, les hace ver que aún son capaces de hacer cosas con su cuerpo, así que les viene muy bien anímicamente», señala Sánchez. «Me gusta venir porque me noto más flexible y no me duele tanto la rodilla. Me hice daño en un brazo por una caída y era incapaz de levantarlo; ahora he recuperado parte de la movilidad», señala María Río, de 71 años. «Para mí también es una forma de hacer amistad», dice Paca Molina, de 75, conocida en Echevarría del Palo porque regentaba una churrería.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, la esperanza de vida en España ha crecido hasta los 79,9 años en el caso de los hombres y 85,4 en el caso de las mujeres. Y no solo cumplimos más años, sino que se intenta llegar a la tercera edad con la mejor calidad de vida posible. Para ello, cada vez son más las personas que participan en las actividades de deporte y ocio que organizan tanto instituciones públicas como asociaciones vecinales y entidades sin ánimo de lucro para promover el envejecimiento activo.

La asociación En Activo es un ejemplo. Creada hace dos años por parte sanitarios, algunos ya jubilados, y pacientes del Centro de Salud de El Palo, esta ONG que cuenta con un centenar de voluntarios trata de fomentar hábitos saludables en las personas mayores para evitar el deterioro de su salud. «Realizamos talleres de alimentación saludable basados en la cocina tradicional, clases de prevención de caídas o actividades físicas, charlas de sexualidad, de menopausia o salidas a monumentos, entre otros; vimos que existía una demanda por parte de nuestros usuarios del centro de salud y decidimos dar un paso más», señala Francisca Muñoz, presidenta de la entidad, quien indica que atienden a cerca de un millar de mayores de la zona.

Pilates, canto, manualidades, autoestima, teatro, memoria, baile… La asociación OSAH (Organización Social de Acción Comunitaria) cuenta con un amplio catálogo de actividades –en algunas hay lista de espera– para favorecer el envejecimiento activo y aliviar el sentimiento de soledad en las personas de la tercera edad, como recalca Antonio Paneque, presidente de esta asociación que nació en 1996 con la finalidad de ofrecer una alternativa para ocupar el tiempo libre de los ancianos y que atiende a 700 usuarios. «Las personas mayores necesitan sentirse vivas, y vivir no es solo respirar, es la alegría, la felicidad…», afirma Paneque, que señala que ha observado «cambios espectaculares» en los usuarios de los cursos.

Conchi Rueda, de 74 años, es un buen ejemplo. Cuando a su marido le diagnosticaron ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), lejos de encerrarse en casa esperando el trágico desenlace que le había anticipado el médico, decidió seguir con su rutina habitual, lo que incluía sus clases de bailes regionales en OSAH . «Contraté una cuidadora para poder continuar con mis actividades porque no quería que él se enterara de la enfermedad que tenía y también para poder despejarme», afirma esta malagueña. Su marido falleció apenas un año y medio después, y aunque entonces sí se vino abajo y dejó de salir, un día se levantó y se dijo «no puedo seguir así». Entonces, las sevillanas, los fandangos y el sonido del taconeo y las castañuelas le ayudaron a reponerse, en la medida de lo posible. Y ya no lo dejó.

«Nunca se cansan, pueden repetir los pasos las veces que haga falta», explica la monitora, Susana Rodríguez, que destaca cómo se engalanan sus alumnas para acudir a los talleres. Algunos hasta han encontrado el amor en estas actividades. «Yo soy padrino de tres parejas», cuenta el responsable de OSAH. Y mientras las faldas ‘vuelan’, en la planta de abajo está a punto de terminar la clase de pilates, donde Antonio Millán, de 74 años, se estira sobre la esterilla. Asiste a este taller desde hace dos años después de dejar las clases de bailes latinos por problemas de horario. «Tenía la espalda atrofiada y ahora estoy más ágil; no puedes quedarte tirado en el sofá tengas la edad que tenga», afirma.

Fuente: SUR.es