Las actividades básicas de las personas con Alzheimer son las más beneficiadas a largo plazo por la estimulación cognitiva y motora

• Científicos de España y EEUU descubren una respuesta jerarquizada de diferentes funciones cerebrales a la estimulación cognitiva a largo plazo.

• Investigadores de Fundación Maria Wolff y de la New York University Langone Medical Center compararon durante años a personas con Alzheimer que recibieron estimulación cognitiva y motora con otro grupo que hacía vida normal.

• Los tratados con estimulación eran más independientes en actividades de la vida diaria, tenían mejor ánimo y estaban cognitivamente algo mejor. Sin embargo, no todas esas mejoras se mantenían en el tiempo por igual.

• El estudio ha sido publicado en la prestigiosa revista científica Journal of Alzheimer’s Disease.

JAD2015_MariaWolffHasta ahora estaba comprobado que las personas con enfermedad de Alzheimer (EA) se benefician de la estimulación cognitiva integral. Sin embargo, un estudio llevado a cabo por científicos de España y EEUU aporta llamativos datos en el plano práctico: la estimulación a largo plazo en los pacientes beneficia a unas funciones cerebrales por más tiempo que a otras. Las conclusiones del estudio han visto la luz en la revista científica internacional Journal of Alzheimer’s Disease, bajo el título “Cognitive-Motor Intervention in Alzheimer’s Disease: Long-Term Results from the Maria Wolff Trial” (Intervención Cognitivo-Motora en enfermedad de Alzheimer: resultados a largo plazo del Estudio Maria Wolff).

En estudios anteriores, que comparaban a pacientes con EA haciendo vida normal con otros sometidos a programas de estimulación cognitiva, se había observado en los últimos una ligera mejora de las funciones cognitivas superiores así como un mejor rendimiento de la vida diaria como vestirse o lavarse. El estado de ánimo también suele mejorar en el grupo que recibe estimulación.

Sin embargo, la mayoría de estos estudios se llevaron a cabo durante períodos de tiempo muy cortos (semanas o meses). A pesar de que estos tratamientos suelen realizarse en centros de día, residencias o unidades de memoria, lugares a los que los afectados acuden durante años, su efecto a largo plazo era desconocido.

Para evaluar el impacto de estos tratamientos a largo plazo, un equipo de investigadores de Madrid, Barcelona y Nueva York, coordinados por Fundación Maria Wolff ha comparado durante tres años dos grupos de unas 40 personas con Alzheimer cada uno. Uno de los grupos acudía a un tratamiento de estimulación cognitiva y motora integral que duraba tres horas y media, dos veces en semana, ofrecido en los centros de Maria Wolff de Madrid. El otro grupo realizaba una vida y recibía los tratamientos normales.

Con la aplicación de la metodología de estimulación cognitivo-motora integral que la fundación denomina “Animus” se observaron múltiples resultados beneficiosos al cabo de un año: los participantes estaban cognitivamente algo mejor, tenían más independencia en las tareas cotidianas, disfrutaban de un mejor estado de ánimo, mostraban una conducta mejor adaptada y tomaban menos fármacos psicotrópicos que aquellos que hacían vida normal. Estos beneficios son relevantes en la vida de las personas.

Lo novedoso que han descubierto los científicos es que, la mejora cognitiva (lenguaje, comprensión, dibujo, pensamiento y orientación) se mantuvo en el grupo de tratamiento de estimulación integral sólo durante un año. En cambio, la mejora de las actividades instrumentales, como manejar dinero o prepararse una comida equilibrada, se mantuvieron durante dos años y las actividades más básicas, como ducharse, vestirse, lavarse o comer, hasta tres años.

“Es como si los circuitos cerebrales madurados y programados en la infancia (como comer o asearse) respondiesen por más tiempo al tratamiento, que aquellos que fueron adquiridos en la adolescencia (hacer comida o la comprensión intelectual). Esta jerarquía a la respuesta terapéutica en función al orden de adquisición de las funciones en el desarrollo normal del ser humano, marca un claro camino en cómo tratar mejor a las personas con Alzheimer. También nos da una dirección de cómo han de ser diseñadas nuevas terapias no farmacológicas más eficaces” comenta Ruben Muñiz, Director de  Investigación de Maria Wolff. Añade a esto el Dr. Barry Reisberg, del New York University Langone Medical Center, y miembro del comité científico de la fundación, que “Las funciones cerebrales adquiridas al inicio de la vida resisten por más tiempo el proceso neurodegenerativo que aquellas funciones adquiridas más tarde, como en la adolescencia o adultez. Este proceso se denomina `Retrogénesis´ y ha sido descrito como parte normal de la evolución de la enfermedad de Alzheimer”. “Estas habilidades adquiridas más tardíamente parecen ser las que menos responden a largo plazo a los programas de estimulación integral” indica Muñiz.

Los participantes del programa, sin embargo, parecían estar ligeramente peor en el ámbito cognitivo tras tres años de tratamiento que el grupo que no lo recibió. Los doctores Jordi Peña-Casanova y Teodoro del Ser, miembros del equipo de investigación, comentan que “este dato ha de examinarse cuidadosamente en futuros estudios, dado que podría deberse a la pérdida selectiva de la  muestra que suelen tener estudios a tan largo plazo”.

Según Ruben Muñiz y Javier Olazarán, co-directores de este estudio, las implicaciones de los resultados son muy prácticas, dado que permiten mejorar el diseño y la aplicación de las Terapias No Farmacológicas para estas personas. Hay que revisar cuidadosamente objetivos, métodos y la adecuación del estadiaje de la enfermedad en el caso de la estimulación de las funciones cognitivas avanzadas. El tratamiento de funciones de la vida diaria y el bienestar emocional es una asignatura pendiente en el mundo de las terapias no farmacológicas.

Por este motivo, Fundación Maria Wolff ha empezado a diseñar intervenciones no farmacológicas potencialmente más eficaces. Una de ellas consiste en la estimulación selectiva de un amplio abanico de sentimientos y emociones positivas llamada “Terapia de Estimulación Emocional T2E®”. Terapeutas de algunas instituciones punteras como Decanos de Ávila, Orpea o Sanitas ya han sido formados por la fundación y están implantando estos tratamientos.

La fundación cuenta ya con la plataforma gratuita online “Animus”, financiada por el Ministerio de Industria y Energía (Plan Avanza 2), que permite seguir mejorando esta terapia, mediante colaboraciones altruistas de terapeutas y entidades.

Los doctores Peña-Casanova y Olazarán remarcan que es la primera vez que se hace un estudio de tanta calidad a tan largo plazo. Todos los participantes tomaban fármacos, llamados inhibidores de la acetilcolinesterasa, que se prescriben habitualmente a estas personas con la intención de mejorar un poco su nivel cognitivo. A la mitad de estos pacientes, además se les ofreció estimulación cognitiva integral durante tres años para poder medir la mejora añadida que suponía el programa Animus.

Tras tres años de programa, tanto los pacientes como sus familiares se mostraron consistentemente satisfechos o muy satisfechos al acudir a los centros de día Maria Wolff, lugares donde se llevaban a cabo estos tratamientos. El Dr. Javier Olazarán, director científico de la Fundación Maria Wolff, comenta que “los participantes disfrutaban de la socialización y no les importaba el esfuerzo de ir regularmente a las sesiones”. La aceptación por parte de los pacientes es importante dado que no sólo lo disfrutan ellos, sino que da un respiro importante a los cuidadores.

Fundación Maria Wolff ha contribuido de forma decisiva a estructurar de forma científica el campo de las Terapias No Farmacológicas (TNFs) para las demencias, articulando la que a fecha de hoy es una de las iniciativas científicas internacionales más reconocidas. El comité científico de la fundación lo constituyen investigadores de primera línea internacional en la enfermedad de Alzheimer.